El tercer profesor

 

 

        La educación en el siglo XXI nos enfrenta a nuevos desafíos, que necesitan necesariamente de la implicación de toda la sociedad.

Loris Malaguzzi, un gran pedagogo italiano de los años 50, hablaba de los tres maestros que todo niño/a tiene; el primer profesor sería las personas adultas que les rodean en sus primeros años de aprendizaje; sus profesores/as, sus padres y madres y sus familiares más cercanos; el segundo profesor/a sería los otros niños y niñas con los que interactúan en su vida cotidiana, sus compañeros/as y sus amigos/as, el tercer profesor sería el entorno social que les rodea, su colegio, su casa, su ciudad.

            La calidad del ambiente sociocultural, espacial y personal que rodea a nuestros niños y niñas, va a determinar un aprendizaje positivo de esas habilidades creativas, que completarán su formación como ciudadanos mejor capacitados para su incorporación a la sociedad.

Pero indudablemente para lograr estos objetivos tendremos que tener en cuenta una serie de claves imprescindibles, que deberemos potenciar en ese entorno social, para conseguir que ese tercer profesor ofrezca unos resultados óptimos en el aprendizaje que ofreceremos.

  1. Los colegios deben ser espacios dinámicos y divertidos, alegres y frescos que ofrezcan ambientes que potencien la imaginación y la creatividad, y que permitan desarrollar acciones de aprendizaje completas, con dinámicas tales como el trabajo cooperativo, desarrollo de habilidades sociales y actividades de construcción de aprendizajes donde demos entrada a los padres y madres y a la comunidad educativa en su conjunto, para que puedan transmitir y recibir los conocimientos que nos demanda la sociedad actual y así poder conseguir dotar a nuestros alumnos/as de las capacidades y habilidades necesarias para que consigan desenvolverse con mayor éxito en su incorporación futura a la sociedad.
  1. Se debe hacer un gran esfuerzo, para realizar un importante cambio de paradigma en la educación, para incorporar a los procesos de aprendizaje otras disciplinas que han sido dejadas de lado últimamente, como las artes, las humanidades, las habilidades básicas para una correcta interrelación social, el espíritu crítico, la capacidad de crear, la imaginación, la innovación, la escucha activa y la comunicación efectiva, la empatía. Si conseguimos implementar estos otros aprendizajes, lograremos objetivos muy positivos como;
  • Fomentar la igualdad, la tolerancia, el respeto a la diversidad.
  • Desarrollar las capacidades creativas.
  • Aprendizaje de habilidades individuales y grupales que aumentarán la confianza de los niños y niñas en sí mismos y favorecerán el trabajo en grupo.
  • Impulsar el pensamiento crítico y aprender que los problemas no tienen una única solución.
  • Poner en valor la capacidad de esfuerzo y la perseverancia, para conseguir convertir en realidad los sueños y metas perseguidos.
  1. Ofrecer nuevos objetivos para el aprendizaje, que no pasen necesariamente por premiar los mejores resultados académicos, sino que se reconozca la capacidad de creación e innovación y sobre todo la capacidad de implicación, de cooperación, de superación, en definitiva, la capacidad de mejorar como persona.
  1. Impulsar la creación compartida de conocimientos, la escuela debe ser un espacio para aprender haciendo, “el aprendizaje basado en la experimentación, la observación, la investigación”, un aprendizaje compartido entre iguales, donde los alumnos intervienen de manera directa en la creación del conocimiento.
  1. Trabajar el fracaso como parte del aprendizaje, puesto que sin riesgo al fracaso se disminuye mucho la riqueza del aprendizaje. Que mejor recompensa podemos ofrecer a los alumnos y alumnas que cometen un fallo, que la oportunidad de probar de nuevo para poder corregir el error que han cometido y así volver a intentar superar la prueba planteada. Es aquí donde radica todo el potencial del aprendizaje, a perder el miedo a cometer errores y a aceptar estos errores como parte necesaria del proceso de creatividad e innovación. Puesto que, si no enseñamos a nuestros niños y niñas, que para crecer hay que asumir riesgos y enfrentarnos al fracaso, no conseguiremos una educación de éxito para su futuro.

Si desde los centros escolares, los órganos directivos, los claustros de profesores, los padres y madres y la comunidad, logramos poco a poco ir implementando todas estas estrategias, conseguiremos que el presente de la educación de esos niños y niñas, les garantice un futuro con mayores probabilidades de éxito a ellos y una gran satisfacción a ese tercer profesor que tan importante labor a desarrollado. 

 

Por Juan A. Muñoz Lorenzo – 19/7/2018

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