La escuela como segundo ámbito educativo después de la familia, tiene como objetivo principal que las niñas, niños y adolescentes adquieran competencias, habilidades y conocimientos, que les permitan afrontar de manera positiva los retos que se le presentarán en la vida.

“De como convivan los niñ@s dependerá la clase de adultos que lleguen a ser”

(Maturana y Dávila 2006)

La escuela debe ser un espacio de formación y aprendizaje, que impulse la convivencia entre todos aquellos que forman la comunidad escolar; alumn@s, docentes, madres y padres, personal no docente, equipos directivos e instituciones públicas. El ambiente escolar viene determinado en gran medida por diversos aspectos; el enfoque que desde los centros educativos se da a los valores, normas y formas de trabajo escolar, también es muy importante el rol que desempeñan las madres y padres en su interacción con el centro. Todo ello configura un espacio donde convergen distintas formas de interactuar entre las personas que integran la comunidad escolar.

Y como consecuencia, la gestión de esta diversidad de relaciones que aparecen en la escuela, es responsabilidad de todos, tenemos que impulsar un modelo de convivencia que promueva el aprecio y respeto a la diversidad, la inclusividad, la solidaridad, la cooperación y la igualdad. Puesto que de ello dependerá que el alumn@ aprenda a convivir dentro y fuera del centro escolar de una manera pacífica y positiva.

Pero quizá uno de los aspectos que más preocupa en estos momentos en los centros educativos es el tratamiento de los conflictos de convivencia con los que tienen que convivir día a día; conflictos entre alumnos, entre alumnos y docentes, entre madres y padres y docentes, entre los propios docentes, entre docentes y equipos directivos, etc. Estos conflictos, aunque muchas veces consideremos que no tienen una relevancia importante en el ambiente educativo general del centro, sí que suponen una situación que favorece un desgaste y deterioro silencioso y continuado, que en la mayoría de las veces provoca efectos muy negativos al ambiente de trabajo del centro y que va afectar en mayor o menor medida a la calidad educativa y convivencial.  

¿Ante esta situación que acciones se pueden poner en marcha desde los centros educativos?

La primera acción que debemos poner en marcha es reconocer que somos los responsables de impulsar la mejora de la convivencia y no negar que existen situaciones de conflicto en el centro. El conflicto no es negativo, forma parte de la naturaleza del ser humano y aparece de manera continua en nuestras interacciones cotidianas, por la diversidad a la hora de responder a las situaciones que compartimos. El conflicto debe ser visto como una oportunidad de crecimiento personal, un momento de escuchar, aprender y trabajar con las personas implicadas en la búsqueda de una solución positiva que nos permita avanzar y fortalecer las relaciones personales, y no dejar que entorpezca esa transformación positiva.

La segunda acción que podemos emprender es impulsar el diálogo eficaz, muchos conflictos surgen por una comunicación pobre o por una falta de comunicación efectiva, muchas veces no somos capaces de transmitir los mensajes de una manera completa y en esa falta de información aparecen las percepciones distorsionadas y erróneas.

La tercera y última acción sería compartir las experiencias, debatir, con los demás miembros de la comunidad educativa, con los integrantes de otros centros escolares, crear foros donde se puedan poner sobre la mesa las situaciones que surgen y los métodos y programas que empleamos o que emplean otros a la hora de tratarlos. Compartir preocupaciones, miedos e inquietudes, pero también compartir ideas, proyectos e ilusiones, para crear un espacio que contribuya al enriquecimiento y crecimiento colectivo. En resumen, crear una red de apoyo, colaboración y fortalecimiento de capacidades que habiliten a todos los integrantes de la comunidad educativa, para seguir avanzando en la mejora de la convivencia y la calidad educativa de nuestras escuelas.

“Somos el futuro de nuestros niños y niñas, porque ellos serán según vivan con nosotros. El futuro está en nuestro presente”. (Maturana y Dávila 2006)

 

Por Juan A. Muñoz – junio 2018

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