¡No siempre somos responsables de nuestros conflictos, pero siempre somos responsables del proceso que utilizamos para resolverlo!

Se acerca la Navidad y todo el ambiente se impregna de felicidad o de eso se nos intenta convencer, la televisión nos bombardea con anuncios de regalos para nuestros seres queridos, nos convencen de que son momentos de compartir y ser generosos, amables, solidarios.

¡Pero no siempre es Navidad! Durante el resto del año y en nuestro día a día disfrutamos de muchos momentos felices, pero también atravesamos situaciones menos agradables; problemas familiares, problemas en nuestros lugares de trabajo, separaciones matrimoniales, discusiones entre hermanos a la hora de distribuir la herencia o cuidar de los progenitores, diferencias de visión en organizaciones donde colaboramos, problemas en nuestras comunidades de vecinos, centros escolares, etc. Todas estas situaciones nos crean una sensación de desasosiego, de incertidumbre y no sabemos muy bien cómo enfrentarnos a ellas sin sufrir un desgaste emocional no deseado, que pueden en muchas ocasiones terminar afectando de manera negativa a otras parcelas de nuestra vida personal.

Es en esos momentos, en que no sabemos muy bien cómo actuar,  es donde tenemos que ser valientes y prácticos, dejar a un lado los miedos, pensar que toda situación de conflicto puede ser una oportunidad de crecer como personas, enfrentándonos a nuestros problemas con una mentalidad positiva. Se dice que todos los problemas tienen solución menos uno. Pero, ¿quién tiene la suficiente competencia para acometer estas situaciones con la certeza de obtener una solución satisfactoria?, la respuesta sería; muy pocas personas somos capaces de ello.

Es en estos momentos de encrucijada, es donde solemos decantarnos por la solución fácil; evitamos el problema, respondemos con actitudes negativas que agravan todavía más el problema o buscamos la colaboración de otras personas en las que depositamos la responsabilidad de resolver nuestros problemas.

Yo siempre he pensado que en la mayoría de las ocasiones no somos los únicos responsables de los conflictos, pues estos suelen estar formados por una serie de acciones o acontecimientos ocurridos a lo largo de un periodo de tiempo, a los que no se ha dado un tratamiento adecuado por las personas afectadas.

No somos conscientes, que estos conflictos afectan a las personas de nuestro entorno, tanto familiar como laboral e incluso de ocio, alterando en la mayoría de los casos de manera negativa esas facetas de nuestra vida que nada tienen que ver con el problema principal.

Por ello es necesario dar un paso hacia adelante, ser generosos y pensar que los que nos rodean desean que recuperemos la tranquilidad, el sosiego y la felicidad. Para ello podemos contar con la ayuda de profesionales que nos acompañen en la construcción de ese puente que nos permitan llegar a esa solución positiva y satisfactoria, a todas las personas que se encuentran inmersas en el conflicto.

Cuando tengamos la necesidad de dar una salida satisfactoria a un problema que nos enfrenta a otras personas, con las que además de solucionar el conflicto deseemos mantener o recuperar la relación deteriorada. Quizá una buena opción sea tratarlo a través de un proceso de diálogo, comprometido, sincero, honesto, respetuoso y en un espacio neutral y privado, acompañado de un profesional de la mediación.

PDT. – Se acerca la Navidad y es un buen momento para empezar a entrenar la inteligencia emocional y las habilidades sociales, para poder superar con éxito y disfrutar de esos momentos de reuniones familiares y cenas de empresa.

 

Por Juan A. Muñoz, Kaukus mediación – 30 de noviembre de 2018

 

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